Seamos sinceros, a un gato, lo normal es que no le guste nada ir al veterinario. Un sitio en el que cada vez que va, lo manosea un extraño que para colmo le hace cosas que duelen o molestan… los gatos lo tienen muy claro, mejor no ir nunca. Pero claro, para eso estamos los humanos, para llevarlos; porque es por su bien, ya sea porque están malitos o para prevenir enfermedades futuras.

Y hay una serie de cosas que podemos hacer para que esa visita que hacemos sea un poco menos estresante o molesta para él.

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