Cepillar el pelo de tu gato no es algo de lo que se pueda pasar, tenga el pelo corto o largo. Varía la frecuencia con que lo haces, el tiempo que le dedicas cada vez… pero es muy importante que cepilles su pelo. Hoy te hablaré de los beneficios que tiene, de cómo acostumbrarlo, sobre cómo hacerlo y qué herramientas hay en el mercado para ayudarte en esta tarea. Sigue leyendo

Gatifica tu casa. ¿Eso es poner cuadros de gatos y telas con dibujos de gatitos o qué?, pues no, aunque si te gusta, puedes hacerlo, pero no tiene nada que ver con el concepto. Gatificar es adaptar tu casa a tu gato, hacerla más agradable para él. Y eso, significa nada más y nada menos que entender que a un felino, lo que le gusta es trepar, esconderse, jugar, descansar, vigilar, correr… en definitiva, seguir su naturaleza en su territorio. Pero, ¿quiere esto decir que para tener al gato contento tienes que montar una jungla en el salón? Ni mucho menos, es muy sencillo, y ayudará a que la convivencia con tu dulce minino sea mucho más feliz para todos. Sigue leyendo

A Linda, mi anterior gata, no nos hizo falta bañarla hasta que se hizo muy mayor, y entonces tuvimos que sedarla en el veterinario para ello, porque no fuimos capaces nosotros en casa.  Para tratar la alergia aconsejan bañar a tu gato, para reducir el porcentaje de acumulación de alérgenos en su piel, mínimo una vez al mes. Así que lo tenía claro, tenía que acostumbrar a mis gatas al baño, porque no iba a estar sedándolas 12 veces al año en el veterinario. Hoy os contaré lo que estoy haciendo para que mis gatas cada vez lleven mejor el proceso del baño.

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Así comienzo mi historia con “my golden cats”, contándoos por qué nos decidimos a tener un gato de raza. Soy alérgica a los gatos y a los perros. Creo que es de las cosas que más rabia me dan, porque me encantan. No lo era cuando adoptamos a Linda, mi primera gata, ni cuando un día vi en el escaparate de un almacén de piensos a Nuka, mi adorada perra, y sin pensarlo, sabiendo que nunca debes comprar un animal al que exponen como un objeto a la venta, encerrada en una caja de cristal, escuálida, sucia, llorando y temblando, entré, pagué y la saqué de allí. Mi alergia vino después, al cabo del año, y con ella mi calvario. Mocos, estornudos, afonía, tos, algún que otro ataque de asma… durante muchos años aguanté, y me prometí a mí misma que, por salud, no debía volver a tener un peludo en casa. Mis hijos siempre lo han entendido, pero alguna vez me decían: “¿y si probamos con un gato? los hay hipoalergénicos”, y la verdad es que me tentaba mucho, pero me daba miedo arriesgarme. 

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