Acostumbra a tu gato a los ruidos

Los gatos son de naturaleza asustadiza, y de las cosas que más nerviosos les pueden poner son los ruidos. Les suelen dar miedo los sonidos domésticos, pero los sonidos fuertes, repentinos, inesperados como los petardos, tormentas, obras en el piso de al lado, ferias cerca de tu casa; pueden generar episodios de ansiedad e incluso pánico en tu gato. Hoy te voy a contar qué hemos estado haciendo en casa para evitar que esto les suceda a Antas y Goldie, y os puedo asegurar que funciona!

Linda, nuestra anterior gata, era muy asustadiza. Le daba miedo todo: la aspiradora, el secador del pelo, un centrifugado de la lavadora más enérgico de lo normal; a veces hasta el teléfono le hacía correr asustada a esconderse debajo de la cama. Con estos sonidos, como ya los conocía, una vez superada la impresión inicial, salía al ratito de haberse escondido. Pero con los truenos, con los petardos, con los que no estaba acostumbrada porque pasaban muy de vez en cuando, podía quedarse allí debajo horas, temblando y a veces hasta llorando. Era desolador verla así, sin poder hacer nada para evitarlo. Por eso, con mis nuevas gatitas, me propuse ir acostumbrándolas poco a poco a los ruidos. Ojo, no quiere decir que les gusten, pero los toleran. 

¿Que cómo lo estoy haciendo? Pues de una manera muuuuy gradual, como todo lo que hago con ellas. 

Ni que decir tiene que esto no lo puedes empezar a hacer con tu gatito si acaba de llegar a casa, los primeros 15 o 20 días son de adaptación, el gatito tiene que sentir que está en un entorno seguro, y tiene que haber establecido un vínculo contigo. Mis gatas, sobre todo Antas, que es más asustadiza, ante cualquier novedad, siempre me mira a los ojos. Yo procuro poner cara de tranquilidad total, y aunque os parezca mentira, funciona. Esto pasa ahora, que ya tienen claro que soy la que les da cosas buenas: caricias, mimos, y sobre todo… comida. Su reacción inicial siempre es la de salir pitando cuando se asusta, pero se gira, me mira, y si le digo: “ven, no pasa nada, tranquila”, se queda mirándome, y se tranquiliza. Goldie, no, ella es Doña Pachorras, de entrada, se sobresalta, pero sigue a lo suyo.

Las primeras veces que exploraron el resto de habitaciones, para que no se sobresaltaran al primer ruido de la calle, lo que hice fue poner música, no a un volumen demasiado alto, pero sí lo suficiente como para que pudiera “matizar” el resto de sonidos de la casa y del exterior. Me daba cuenta (por sus orejas, que son como parabólicas, que se mueven en todas direcciones) de que los oían, pero ellas seguían con su exploración, agachadas y con miedo, aunque no lo suficiente como para volverse siempre a su “habitación santuario”. Recuerda, el camino de vuelta tienes que dejárselo siempre libre cuando estás en el proceso de adaptación al nuevo hogar. Algunas veces se volvían corriendo para la buhardilla, pero al rato, superado ese susto del momento, volvían a la exploración de su nueva casa. 

La cocina fue lo que más miedo les dio. La nevera que de vez en cuando se ponía a hacer ruido, la cafetera, la campana extractora… pero como allí es donde, desde que bajaban, les daba la comida húmeda (su preferida), pues poco a poco se acostumbraron y ahora hay veces que tengo la olla exprés, la secadora y la batidora funcionando a la vez y ellas tan tranquilas al lado. La aspiradora les daba miedo al principio, si entraba en una habitación se escapaban a toda prisa (siempre que sea posible, no le obstaculices el paso si ves que a tu gato le da miedo), pero como ya se han dado cuenta de que no va por ellas, y que les deja pasar siempre que quieran, pues ahora ya hasta siguen durmiendo tan ricamente o vienen a investigar qué es lo que está haciendo ese trasto que monta tanta bulla.

WhatsApp Image 2021-02-21 at 19.42.58Con el tráfico les pasó lo mismo, una vez que se han dado cuenta de que a la moto ruidosa que pasa por debajo de la ventana, pueden mirarla pasar, sin que a ellas les pase nada, pues ahora corren a verla cuando la oyen a lo lejos. Se han convertido en unas cotillas, a las que les encanta mirar por la ventana, los pajaritos les gustan, pero sobre todo, las motos y las camionetas de reparto, que además, a veces paran y ¡traen cajas! Pero eso es también porque al principio, como os he dicho, todos estos sonidos estaban “matizados”, o, no sé si me explico bien, “difuminados” por la música que yo les tenía puesta de fondo.

Pero… se acercaba la Navidad, y con ella los odiosos petardos. Menos mal que no vivo en el Levante español ni en Cataluña, que también los sufriría en San José y en San Juan! Mira que todos los años, por lo menos aquí en Andalucía, inundan las redes sociales de peticiones en contra de la pirotecnia, que tanto daño hace a niños autistas, personas con necesidades especiales y mascotas, que sufren muchísimo con los petardos; pero nada, todos los años, nos toca sufrirlos. Me puse a buscar en la red y me encontré con uno de los capítulos del podscats de “Jaime y sus gatos” (en serio, si no lo conocéis, ya estáis tardando, es genial, os paso el enlace de su Instagram  https://instagram.com/jaimeysusgatos?igshid=17icdwrxdllhg ) en los que me dio la solución: Buscar en youtube sonidos de petardos, y ponérselos a un volumen bajo, e ir subiéndoselos poco a poco, cada día un poquito más, para que pudieran ir acostumbrándose. Y lo mismo con las tormentas, que aunque no suele tronar mucho por donde vivimos, también se lo puse. Al principio, me miraban con cara de flipadas las dos, porque además se lo ponía cuando estaban entretenidas jugando. Las ponía a jugar con la pluma, que es de lo que más les gusta, y de música de fondo, una mascletá valenciana, ahí, para qué andar con tonterías, a lo grande, jijjjjjj… y ellas, entretenidas en cazar la pluma y con las orejas desatadas dando vueltas. Que yo me ponía con el ordenador, pues ellas dormidas a mi lado y yo con sonido de tormenta y lluvia, que además me relaja. De vez en cuando, levantaban la cabeza cuando un trueno era demasiado gordo, pero, como veían que yo seguía a lo mío, pues ellas tan campantes, y así poco a poco, subiendo el volumen.

Pues poco antes de Navidad, hubo un día de tormenta, en el que un trueno hizo retumbar los cristales de toda la casa, yo hasta me asusté, y sin embargo ellas, que estaban jugando, ni se inmutaron. Y el día de Nochevieja, tiraron cohetes y petardos, y las gatas como si nada, así que puedo decir que poco a poco he conseguido que mis dos pitufas no sufran con los ruidos y que sepan que, aunque son molestos (debo tener alma gatuna porque no me gustan nada), no los tienen porqué temer. 

¿Y tú? Tienes algún truco más para compartir conmigo? Aplicarás estos consejos que te doy con tu gato? Cuéntame, prometo contestarte, y si te ha gustado, dale al “me gusta”, que encontrarás abajo, para hacérmelo saber. Hasta el próximo jueves!

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